lunes, 27 de junio de 2016

Nuestro continente celebra

Domingo en Miraflores, 26 de Junio del presente año, exactamente son las 6:15 y he llegado a “La Emolientera”, un restobar ubicado en Bajada Balta, para ser exactos, al frente de Wong, local que se encuentra en todo una esquina, abarcando todo un primer piso. Sitio bien peruano (su nombre lo delata) y futbolero para poder deleitar esta final de la Copa América Centenario. Un recinto visitado por muchos: Ingresan alemanes, brasileños, españoles, chilenos y argentinos, y por supuesto, de los nuestros.

Al ingresar, el bar estaba abarrotado de gente con suvenires, los cuales podemos interpretar o entender como chalinas, banderas pequeñas, camisetas, globos, todo referente a los dos finalistas que están a unos minutos de enfrentarse. De hecho, los dueños del local también han ambientado, han colocado globos por todos lados, pelotas por cualquier rincón del restaurant, ellos mismos, en conjunto con sus trabajadores, se han vestido bien deportivos como amerita la situación, están atendiendo en shorts, hay mozos con atuendo de árbitros, las mozas reparten la carta mediante tarjetas de colores amarillo y rojo. En el centro de todo el restobar han colocado una alfombra verde simulando ser una cancha de fútbol y los televisores están pegados en las paredes como camisetas en un museo de fútbol. La fiesta está aquí y sin necesidad de haber viajado a Estados Unidos.

Los minutos recorren y cada vez queda menos para meternos al partido, antes siguen las previas, todos los televisores están pasando la campaña de nuestra selección en esta Copa Centenario acompañado de un grupo criollo que deja la voz en la cancha de “La Emolientera” como nuestra selección dejo la vida en cada partido disputado durante el certamen. Muchos derraman lágrimas al volver a ver, por milésima vez, el gol de Ruidiaz con la mano, otros quedan asombrados al observar cómo Gallese se estira para sacar los balones de manera felina, en otro lado del local, aplauden y corean el nombre de Paolo Guerrero al ver en las repeticiones cómo ha dejado el alma en cada pelota dividida. Pero eso sí, todos lloran, aplauden y cantan y piden que no se vayan los que están armando la jarana criolla, luego se acuerdan de la final y vuelven a sí mismos.

Bien dicen que este deporte une y eso se ve reflejado hoy, aquí. Estamos juntos todos mezclados, no hay grupitos formados, no hay malas caras, no existen las miradas cruzadas llenas de odio. Nada que ver. Todos chocan los vasos en forma de salud, se atreven a dar sus pronósticos y favoritos para llevarse el encuentro, se toman fotos. Es una fiesta. Eso sí, han quedado que apenas el partido empiece cada quien tirará para su lado pero siempre con respeto. Ya todos quieren que arranque la final.

Así, Heber López, árbitro brasileño, siendo las 7:02 de la noche, ha dado inicio al encuentro esperado por todo el continente Americano en el Metlife Stadium, ubicado en la ciudad de New Jersey, abarrotado con 82 000 espectadores y algo más. Con este pitazo inicial, todos aquí se quedaron mudos, nadie ha olvidado de estar con su vaso en la mano, nadie despega sus ojos del televisor y apenas a los segundos llega el primer “uff” por parte de la hinchada argentina acentuada en el bar ya que Banega prueba de larga distancia y el balón pasa cerca.

El primer tiempo pasa rápido debido a la intensidad del juego y también accidentado tras terminar con ambos equipos con 10 hombres por expulsiones de Díaz y Rojo, ambos echados en distintas jugadas. Aquí, nadie dejo de “putear” al árbitro por sus malas decisiones, los argentinos de aquí saben que su equipo ha salido a matar, literal, a Chile, pero Higuain ha sido un mal asesino, no lo mato, ni siquiera lo dejo herido, se falló un gol increíble. Los chilenos, sabían que Argentina estaba encima de ellos pero que estaban sabiendo aguantar el partido con Bravo y Vidal en un nivel superlativo.

El descanso llego, la música volvió y todos seguían discutiendo las jugadas, muchos ejercían su profesión frustrada de árbitro, otros de comentaristas especializados e incluso hasta de técnicos, para ver que modificaciones en base a jugadores o tácticas podían hacer los entrenadores de cada país. Los 15 minutos de receso se pasaron de inmediato, de la misma forma que pasaban las jarras, botellas y/o vasos de cervezas, emolientes, tragos, entre otras tantas cosas.

Llego la parte final del partido y todos esperaban seguir viendo buen fútbol, como en la primera parte. Eso ocurrió solo por momentos, ya no hubo el mismo vertigo. Chile durante todo el partido intento mantener la posesión y la iniciativa del juego, nunca traiciono su idea de juego. Argentina, desde el principio salió a apretar y a jugarle con la pierna en alto a los mapochos, se esperanzaban en lo que podía hacer Leonel Messi, sobre todo en la segunda parte. Habían destellos por momentos pero nada deslumbrante por ninguna escuadra. A lo largo del encuentro, no se generaron muchas situaciones de gol pero los arqueros estuvieron a la orden del día en las contadas ocasiones que los jugadores exigieron, por ejemplo la gran parada que le hace Romero al cabezazo de Vargas, y en la siguiente jugada, la tapada, para muchos la mejor de esta Copa, que realiza Bravo tras frentazo de Otamendi, monumentales los dos arqueros. Y en el restobar, todos aplaudían cada jugada, se ponían enérgicos ante cada dividida fuerte, ellos también ingresaban, imaginariamente, a la cancha cuando se formaban conatos de bronca. Vivian al máximo cada circunstancia del partido.

Durante los 90 no se hicieron daño y el suplementario fue un bostezo para todos los espectadores (incluyéndonos) pues los dos equipos salieron a cuidar el cero en su arco, a realizar sus cambios ya pensando en los penales. De hecho, todos le pedíamos a los mozos papeles en blanco y lapiceros para apuntar a los posibles ejecutantes en la tanda de penales, todos discrepaban, tenían sus favoritos, a la vez todos estábamos ansiosos porque esa ruleta llegue de una vez. 

Y llego, en la tribuna sur del Estadio se iban a disparar los penales y el primer ejecutante seria Vidal, que se enfrentaría únicamente a Romero, todos en el bar ya celebraban el gol anticipadamente, decían que él no podía fallarlo. Y lo falló. Medio local salto de alegría y aplaudía mientras que la otra mitad llevo sus manos al rostro y querían que los trague la tierra. Le tocaba a Messi. Coloco el balón en el punto penal y solo tenía que vencer a  Bravo, su compañero en Barca, las dos opciones eran o que la meta o que el arquero la tape. Ocurrió lo inesperado, la envió a los cielos. Nadie podía creer que los dos mejores jugadores entre los 22 que habían estado en cancha fallaran. Aquí, todo estallo. Todos estaban a punto de un infarto. Todo se volvía incierto.

Luego todo volvió a la normalidad. Para Chile, de manera consecutiva marco Castillo, Aranguiz y Bouseajour. Para Argentina, Mascherano y Agüero. Nadie fallaba, todos la mandaban a guardar mediante sendos fierrasos, excepto el Kun, quien la mando a la red con clase. Todos gritaban los goles, nadie se daba tregua. Hasta que llego el turno de Biglia, quien se vio aterrorizado ante la imagen de Claudio, de toda Argentina y de todo un Estadio abarrotado. Bravo le atajo el penal y glorificó su noche. Luego, el penal que mete Francisco Silva queda para la estadística. Chile celebra su segundo título consecutivo ante un mismo rival, Argentina. Todos lloran, ríen, gritan, agradecen a los seleccionados chilenos quienes han hecho historia. En cambio, en Argentina comenzará una avalancha de críticas ante los jugadores, en especial ante Messi, pero así es el fútbol.

Hoy tenemos campeón y se llama Chile, y el ganador ha sido, una vez más el futbol y el hincha. ¡ A celebrar !

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