Domingo
en Miraflores, 26 de Junio del presente año, exactamente son las 6:15 y he
llegado a “La Emolientera”, un restobar ubicado en Bajada Balta, para ser
exactos, al frente de Wong, local que se encuentra en todo una esquina,
abarcando todo un primer piso. Sitio bien peruano (su nombre lo delata) y
futbolero para poder deleitar esta final de la Copa América Centenario. Un
recinto visitado por muchos: Ingresan alemanes, brasileños, españoles, chilenos
y argentinos, y por supuesto, de los nuestros.
Al
ingresar, el bar estaba abarrotado de gente con suvenires, los cuales podemos
interpretar o entender como chalinas, banderas pequeñas, camisetas, globos,
todo referente a los dos finalistas que están a unos minutos de enfrentarse. De
hecho, los dueños del local también han ambientado, han colocado globos por
todos lados, pelotas por cualquier rincón del restaurant, ellos mismos, en
conjunto con sus trabajadores, se han vestido bien deportivos como amerita la
situación, están atendiendo en shorts, hay mozos con atuendo de árbitros, las
mozas reparten la carta mediante tarjetas de colores amarillo y rojo. En el
centro de todo el restobar han colocado una alfombra verde simulando ser una
cancha de fútbol y los televisores están pegados en las paredes como camisetas
en un museo de fútbol. La fiesta está aquí y sin necesidad de haber viajado a
Estados Unidos.
Los
minutos recorren y cada vez queda menos para meternos al partido, antes siguen
las previas, todos los televisores están pasando la campaña de nuestra
selección en esta Copa Centenario acompañado de un grupo criollo que deja la
voz en la cancha de “La Emolientera” como nuestra selección dejo la vida en
cada partido disputado durante el certamen. Muchos derraman lágrimas al volver
a ver, por milésima vez, el gol de Ruidiaz con la mano, otros quedan asombrados
al observar cómo Gallese se estira para sacar los balones de manera felina, en
otro lado del local, aplauden y corean el nombre de Paolo Guerrero al ver en
las repeticiones cómo ha dejado el alma en cada pelota dividida. Pero eso sí,
todos lloran, aplauden y cantan y piden que no se vayan los que están armando
la jarana criolla, luego se acuerdan de la final y vuelven a sí mismos.
Bien
dicen que este deporte une y eso se ve reflejado hoy, aquí. Estamos juntos
todos mezclados, no hay grupitos formados, no hay malas caras, no existen las
miradas cruzadas llenas de odio. Nada que ver. Todos chocan los vasos en forma
de salud, se atreven a dar sus pronósticos y favoritos para llevarse el
encuentro, se toman fotos. Es una fiesta. Eso sí, han quedado que apenas el partido
empiece cada quien tirará para su lado pero siempre con respeto. Ya todos
quieren que arranque la final.
Así,
Heber López, árbitro brasileño, siendo las 7:02 de la noche, ha dado inicio al
encuentro esperado por todo el continente Americano en el Metlife Stadium,
ubicado en la ciudad de New Jersey, abarrotado con 82 000 espectadores y algo
más. Con este pitazo inicial, todos aquí se quedaron mudos, nadie ha olvidado
de estar con su vaso en la mano, nadie despega sus ojos del televisor y apenas
a los segundos llega el primer “uff” por parte de la hinchada argentina
acentuada en el bar ya que Banega prueba de larga distancia y el balón pasa
cerca.
El
primer tiempo pasa rápido debido a la intensidad del juego y también
accidentado tras terminar con ambos equipos con 10 hombres por expulsiones de
Díaz y Rojo, ambos echados en distintas jugadas. Aquí, nadie dejo de “putear” al
árbitro por sus malas decisiones, los argentinos de aquí saben que su equipo ha
salido a matar, literal, a Chile, pero Higuain ha sido un mal asesino, no lo
mato, ni siquiera lo dejo herido, se falló un gol increíble. Los chilenos,
sabían que Argentina estaba encima de ellos pero que estaban sabiendo aguantar
el partido con Bravo y Vidal en un nivel superlativo.
El
descanso llego, la música volvió y todos seguían discutiendo las jugadas,
muchos ejercían su profesión frustrada de árbitro, otros de comentaristas
especializados e incluso hasta de técnicos, para ver que modificaciones en base
a jugadores o tácticas podían hacer los entrenadores de cada país. Los 15
minutos de receso se pasaron de inmediato, de la misma forma que pasaban las
jarras, botellas y/o vasos de cervezas, emolientes, tragos, entre otras tantas
cosas.
Llego
la parte final del partido y todos esperaban seguir viendo buen fútbol, como en
la primera parte. Eso ocurrió solo por momentos, ya no hubo el mismo vertigo.
Chile durante todo el partido intento mantener la posesión y la iniciativa del
juego, nunca traiciono su idea de juego. Argentina, desde el principio salió a
apretar y a jugarle con la pierna en alto a los mapochos, se esperanzaban en lo
que podía hacer Leonel Messi, sobre todo en la segunda parte. Habían destellos
por momentos pero nada deslumbrante por ninguna escuadra. A lo largo del
encuentro, no se generaron muchas situaciones de gol pero los arqueros
estuvieron a la orden del día en las contadas ocasiones que los jugadores exigieron,
por ejemplo la gran parada que le hace Romero al cabezazo de Vargas, y en la
siguiente jugada, la tapada, para muchos la mejor de esta Copa, que realiza
Bravo tras frentazo de Otamendi, monumentales los dos arqueros. Y en el
restobar, todos aplaudían cada jugada, se ponían enérgicos ante cada dividida
fuerte, ellos también ingresaban, imaginariamente, a la cancha cuando se
formaban conatos de bronca. Vivian al máximo cada circunstancia del partido.
Durante
los 90 no se hicieron daño y el suplementario fue un bostezo para todos los
espectadores (incluyéndonos) pues los dos equipos salieron a cuidar el cero en
su arco, a realizar sus cambios ya pensando en los penales. De hecho, todos le
pedíamos a los mozos papeles en blanco y lapiceros para apuntar a los posibles
ejecutantes en la tanda de penales, todos discrepaban, tenían sus favoritos, a
la vez todos estábamos ansiosos porque esa ruleta llegue de una vez.
Y
llego, en la tribuna sur del Estadio se iban a disparar los penales y el primer
ejecutante seria Vidal, que se enfrentaría únicamente a Romero, todos en el bar
ya celebraban el gol anticipadamente, decían que él no podía fallarlo. Y lo
falló. Medio local salto de alegría y aplaudía mientras que la otra mitad llevo
sus manos al rostro y querían que los trague la tierra. Le tocaba a Messi.
Coloco el balón en el punto penal y solo tenía que vencer a Bravo, su compañero en Barca, las dos
opciones eran o que la meta o que el arquero la tape. Ocurrió lo inesperado, la
envió a los cielos. Nadie podía creer que los dos mejores jugadores entre los
22 que habían estado en cancha fallaran. Aquí, todo estallo. Todos estaban a
punto de un infarto. Todo se volvía incierto.
Luego
todo volvió a la normalidad. Para Chile, de manera consecutiva marco Castillo, Aranguiz y Bouseajour. Para Argentina, Mascherano y Agüero. Nadie fallaba, todos la
mandaban a guardar mediante sendos fierrasos, excepto el Kun, quien la mando a
la red con clase. Todos gritaban los goles, nadie se daba tregua. Hasta que
llego el turno de Biglia, quien se vio aterrorizado ante la imagen de Claudio, de
toda Argentina y de todo un Estadio abarrotado. Bravo le atajo el penal y
glorificó su noche. Luego, el penal que mete Francisco Silva queda para la
estadística. Chile celebra su segundo título consecutivo ante un mismo rival,
Argentina. Todos lloran, ríen, gritan, agradecen a los seleccionados chilenos
quienes han hecho historia. En cambio, en Argentina comenzará una avalancha de
críticas ante los jugadores, en especial ante Messi, pero así es el fútbol.
Hoy
tenemos campeón y se llama Chile, y el ganador ha sido, una vez más el futbol y
el hincha. ¡ A celebrar !
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